BÉLGICA, El Arte de la Alegoría en los 50 FRANCOS de 1919

Bélgica 50 francos 1919 (160x98mm) pk.68b anversoyreverso

Bélgica 50 francos 1919 (160x98mm) pk.68b anverso y reverso

Nos desplazamos hasta Bélgica, casi un siglo atrás, para revisar un hermoso billete de comienzos del siglo XX.

Contemplamos los 50 francos de Bélgica de 1919, emitidos en Bruselas por el Banque Nationale de Belgique nada más finalizar la 1ª Guerra Mundial. Forman parte de la serie emitida entre 1919 y 1926 cuando después de la devastación de la Gran Guerra, eran todos los países invadidos los que esperaban los fondos de Alemania, pero la lentitud de los desagravios fue uno de los muchos factores que contribuyeron a la Gran Depresión mundial.

Bélgica fue ocupada por los alemanes en 1914, como camino de paso a la conquista de Francia, pero “allí se quedaron” hasta 1918, cuando a la firma del Armisticio de Compiègne, antesala del Tratado de Versalles, se daría fin a la ocupación. Fue en el tratado de Versalles (1919) donde se decidieron las condiciones para los perdedores (Alemania y sus aliados), tanto en concesiones territoriales como en indemnizaciones para los vencedores.

Bélgica 50 francos 1919 (160x98mm) pk.68b anverso

Bélgica 50 francos 1919 (160x98mm) pk.68b anverso

Este gran billete, obra del diseñador belga Constant Montald, nos muestra en su anverso un hombre sentado alegoría de la Agricultura y enfrente dos mujeres alegorías de la Ley y la Justicia. Peculiar el posicionamiento de las firmas del Gobernador (Leon Van der Rest) y el Tesorero (Henry Stacquet), horizontal al pie en la primera y vertical a la derecha en la segunda.  Sus números de serie aparecen en las cuatro esquinas del cuadro central en tinta negra. ¡Si conseguís un ejemplar con estos nºs en tinta roja (fechado el 1.8.1914) tenéis un verdadero tesoro, aunque éste tampoco desmerece!

Bélgica 50 francos 1919 pk.68b reverso

Bélgica 50 francos 1919 pk.68b reverso

 Los textos aparecen en francés en el anverso y en holandés en el reverso. Juega con el color verde en diferentes tonalidades, tanto para los grabados como para los textos. En el reverso nos muestran a Minerva, símbolo de la Economía y el Trabajo, junto a un león erguido que simboliza Bélgica;  enfrente  tres figuras alegóricas femeninas que representan las Artes, la Ciencia y el Comercio.

Bélgica 50 francos 1919 alegorias clásicas anverso y reverso

Los dibujos son de una maestría peculiar, estilizadas alegorías mezcla de clasicismo y art nouveau, grabados casi a plumilla. ¡Qué modo de plasmar tanto arte en tan poco espacio!

Bélgica 50 francos 1919 marcas de agua

Su marca de agua nos muestra la cabeza de la diosa Minerva en la esquina inferior derecha. Se acompaña de una filigrana al pie horizontal con el texto “Banque Nationale” continuada de una vertical a la derecha con el texto “Belgique”.

 

Arte monocromático para demostrar que la belleza no siempre necesita del color. ¡Espero que os guste!

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BÉLGICA, billetes de inicios del s. XX, 5 Francos 1918 vs. 5 Francos 1919

Belgica 5 francos 1918 vs. 5 francos 1919 anversos y reversos

Bélgica fue ocupada por las tropas alemanas en la 1ª Guerra Mundial en 1914, y no sería hasta finales de 1918 cuando retomaría su independencia reemplazando los ejércitos del Imperio alemán de su territorio.

Compararemos dos ejemplares de 5 francos de la Bélgica de estos primeros años convulsos de siglo XX. Los billetes de 5 francos de 1918 y de 1919, ambos emitidos por el “Banque Nationale de Belgique”.

Ambos nos ofrecen alegorías clásicas de una mujer y un hombre a ambos lados y querubines sentados a sus pies. Los dos muestran las mismas firmas del tesorero y el Gobernador del banco Leon Van Der Rest.

Se emitieron tres ediciones semejantes, la primera en 1914 y estas dos que revisamos, de 1918 y de 1919. Presentan los mismos textos, en francés en los anversos y en holandés en los reversos.  Sus tamaños, iguales para ambos, son de 124×78 mm.

Los artistas responsables de estos bellos ejemplares fueron Henri Hendrickx como diseñador y Albert Doms como grabador.

Las diferencias más significativas son su cromaticidad y sus series. Mientras que la serie de 1918 presentan una tonalidad verde sobre fondo pardo claro en todo el billete, la serie de 1919 nos muestra tonalidad marrón sobre el mismo fondo pardo claro.

Los textos centrales en el anverso del de 1918, “BANQUE NATIONALE DE BELGIQUE” y su valor en nº y texto “5 FRANCS 5”aparece en combinación de colores rojo y verde, mientras que en el de 1919 aparecen en combinación de color blanco con relieve rojo y en marrón sin relieve, además de rodear su valor (tanto el nº como el texto) en una orla de cartucho para el texto y rosetones para los valores numerales.

En cuanto a los números de serie, son negros en la emisión de 1918 y rojos en la de 1919.

Acabamos las semejanzas con el grabado de la imagen alegórica de los reversos, que es marrón en el billete de 1918 y rojo en el billete de 1919.

Belgica 5 francos 1918 pk.74b marca de agua

Su marca de agua, las iniciales mayúsculas del Banco emisor “BNB” en el centro del billete.

¡Unas auténticas joyitas del billetario belga de posguerra con casi 100 años!  ¡Espero que os gusten!

BÉLGICA 100 francos 1927 vs. 100 francos/20 belgas 1932

Bélgica 100 francos 1927 vs 100 francos-20 belgas 1932 (pk.95 vs. pk.102)

Bélgica 100 francos 1927 vs 100 francos-20 belgas 1932 (pk.95 vs. pk.102)

Os muestro dos billetes de 100 FRANCOS de BÉLGICA de la primera mitad del pasado siglo.

Compararemos la emisión de 100 francos de 1927 con la de 100 francos/20 belgas de 1932.

En 1926 el gobierno de Henri Jaspar, a través de su Ministro Emile Franqui, trazó un programa de estabilización que devaluó el franco e introdujo el Belga como una nueva unidad monetaria. Esto significó una ruptura monetaria clara con Francia. Un Belga valía 5 francos de oro en 1926. La nueva unidad monetaria nunca fue aceptada ni en los mercados de divisas ni incluso en Bélgica. Por costumbre y comodidad, siguieron calculando en francos y el nuevo nombre nunca priorizó el cambio. El Belga desapareció silenciosamente en 1946. Pero nos ha dejado su huella en muchos de los billetes de la Bélgica de ese periodo.

Ambos billetes presentan los mismos anversos y reversos, en el anverso un medallón predominante con un retrato del rey belga Alberto I (1875-1934, que reinó entre 1909 y 1934, cuando murió en un accidente de montaña) y la reina Elisabeth (1876-1965). Este medallón se mantendría en toda la serie hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Al pie del anverso el león belga que simboliza al país.

En el reverso el dibujo de un carpintero/ebanista en su taller junto a sus herramientas.

También es coincidente la marca de agua con la efigie del Rey Leopoldo I, primer Rey de Bélgica, desde que en 1831 obtuvo su total independencia. Todas las grecas laterales y orlas interiores coinciden también en ambas ediciones.

En cuanto a sus semejanzas: el tono de color usado en su impresión mezcla tonalidades marrones en el de 1927 y tonalidades verdes en el de 1932. El centro del billete presenta una trama geométrica repetitiva bajo el cartucho que muestra el valor del billete de 1927 y una artística recreación de rosetas y cicloides en el de 1932, también bajo su valor.

En cuanto a los valores, el de 1932 nos introduce una nueva moneda de cambio, el “belga”, y es aquí donde se apoya la más importante semejanza contrastada. La creación del “belga” se concluye por la evolución histórica del país: desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial se suspendió la convertibilidad de los billetes en metal precioso. En 1914, se instituyó el marco alemán como moneda de curso legal y se hundió la economía belga. Al final de la guerra, la cantidad de marcos del Reich era excepcionalmente grande y su cambio frente al franco belga se mantenía sobreevaluado por decreto del ocupante; la inflación y la guerra se extendió a la economía en tiempos de paz, lo que hizo subir el precio de los bienes y disminuir el valor del franco. En los años siguientes, el gobierno mantuvo la esperanza de que el franco recuperaría su valor al de antes de la guerra. Pero se depreciaba continuamente respecto de las principales monedas de la postguerra, la libra esterlina y el dólar americano.

Digno de una revisión calmada y un reconocimiento a la magnífica puesta en escena artísticamente hablando de estos “enormes” billetes (su tamaño 180x105mm)

El ATOMIUM de Bruselas, “apuesta” aperturista de 1958

20 francos Belgica desde el Atomiun

desde el Atomium de Bruselas en los 20 francos belgas de 1964

El ATOMIUM de Bruselas fue levantado en el parque Heysel con ocasión de la Feria Mundial de 1958, una Exposición General de primera categoría y primera que se realizaba después de la Segunda Guerra Mundial, que sirvió de exitoso escaparate a los países aliados occidentales y de oportunidad internacional a los países derrotados del eje nipón-italo-alemán.

Con una envergadura de 102m de alto, representa un cristal de hierro con sus átomos enlazados, aumentado de tamaño 165.000 millones de veces. Sus nueve esferas de 18m de diámetro y los enlaces entre ellas fueron diseñadas por el arquitecto André Waterkeyn, y aunque su montaje se preveía efímero (solo para seis meses), traspasó estas intenciones quedándose como reclamo turístico hasta la actualidad. Renovado en 2006, es propiedad de la entidad sin ánimo de lucro Atomium, que usa el interior de las esferas como lugar de exposiciones permanentes y temporales.

 

El billete de 20 francos de Bélgica de 1964 nos ofrece en su anverso una imagen del rey Balduino (rey belga entre 1951 y 1993). En su reverso veremos un grabado del Atomium, construcción de mediados de s. XX  que ha pasado a ser para Bruselas lo que la Torre Eiffel para París, un emblema y reclamo turístico de primer orden.

 

Una parada en Bruselas, donde reside actualmente la capitalidad de la Unión Europea, debe llevarnos a contemplar, además de Atomium, la Grand Place con sus extraordinarias fachadas y edificios mezcla de arquitectura medieval y gótica, el Palacio del Cincuentenario con su Arco de Triunfo al estilo “Puerta de Brandeburgo”, El Palacio Real y …buscar el símbolo bruselense por excelencia: el Manneken Pis.

 

¡Yo estuve allí …en 2005!